viernes, 7 de septiembre de 2018

Reflejando la esperanza en cada minuto


Cada minuto, cada hora se hace interminable. 



Es curioso porque después de tantos años los momentos que se estaban haciendo más largos eran los periodos más cortos. Un día, solo un día tardaron en decirnos cuántos de los ovocitos habían sido fecundados y la espera fue eterna. El alivio fue mayúsculo cuando vimos el número: 11 habían sido fecundados ¡un equipo de fútbol! O como decía Javi, uno de fútbol sala que así tenemos suplentes, jejeje.

Escribí corriendo a la secretaria del cardiólogo para que me pudiese decir cómo había salido la resonancia, cómo estaba la aorta y si podría afrontar un embarazo múltiple, necesitábamos saber si podía transferirme dos embriones. Al final, seguramente solo fuese uno porque el ginecólogo no quería correr tanto riesgo, pero para mí la opinión importante era la del cardiólogo… ¡vía libre a dos embriones! La aorta está estancada y no crece más, así que la noticia no podía ser mejor, ¡y que siga así! Ahora todo depende de la decisión del ginecólogo, aunque lo dejó muy claro “me da igual lo que diga el cardiólogo”. ¿Acabaré discutiendo con él? Con dos hay más posibilidades de que uno agarre, pero ¿y si agarran los dos?

Y si la espera de un día fue eterna imaginaos la semana que nos esperaba hasta el momento de la transferencia. No sabíamos cuántos seguían vivos, cuántos estarían sanos. Podía llegar el día de la transferencia que no hubiese transferencia porque ninguno había sobrevivido o porque ninguno estaba sano. Sinceramente, en estos momentos no sabes si pensar positivo o ponerte en lo peor para que el palo, en caso de que lo haya, sea más llevadero.

No sé, las sensaciones de esos días fueron muy raras. Había 12 embriones esperando y creciendo. Todo era muy extraño, parte de nosotros estaba en un laboratorio intentando salir adelante, no sé, sé que son solo unas células, pero es parte de nosotros… es una sensación muy rara.

Creo que en todo este proceso el lado más positivo lo está llevando Javi y por supuesto la gente de alrededor que lo sabe. No lo sabe todo el mundo, en un primer momento nos hubiese gustado que no lo supiese nadie, pero con la familia que tenemos más cerca es muy complicado mantenerlo en secreto, así que a los que vemos todos los días se lo hemos dicho y con los que podemos guardar el secreto porque nos vemos menos les daremos el sorpresón cuando llegue. Es algo que echamos de menos de un embarazo convencional, que no hay preparación previa, es una sorpresa para todos y no quiero perderme ese momento en algunos de mis familiares, quiero ver esa cara de sorpresa y alegría en aquellos que no saben nada de cómo va el proceso.  Así que vamos a tener de todo la alegría de los que han sufrido con nosotros todo este proceso y el sorpresón de los que no sabían nada. Sin lugar a dudas, van a ser momentos para el recuerdo.

Bueno, pues la transferencia llegó, ya os digo, 5 días que fueron eternos, creo que los meses entre consulta y consulta no se nos hicieron tan largos. Cita a las 8 de la mañana en pleno centro de Madrid, huelga de RENFE (por suerte se desconvocó), lluvia y viento… un viaje de media hora se podía convertir en una hora y media, así que tocó madrugar, no queríamos tener los nervios de un atasco más los nervios de ver que no llegábamos a la hora con los nervios que llevábamos de serie por el día tan importante que era.

Al final, llegamos una hora antes, jajaja, pero mejor así, más tranquilidad. Comenzamos a pensar en cuántos embriones me iban a transferir. Javi opinaba más como el ginecólogo es mucho riesgo para mí un embarazo múltiple, creo que las inmensas ganas que tengo de ser madre no me deja pensar con claridad y ver que tiene razón, el cardiólogo ha dado el visto bueno, pero el riesgo sigue estando. Menos mal que siempre está Javi conmigo para ayudarme a ver la realidad, ya sabéis que a veces viajo demasiado por las nubes, jejeje. Al final teníamos más claro que la transferencia sería uno, pero todo dependía de los embriones sanos que quedasen para futuros intentos.
“Ha llegado el informe, hay embriones sanos, la transferencia sigue adelante”. Estas fueron las palabras de la enfermera que nos esperaba para acompañarnos a la transferencia. Ya no era momento de pensar en qué hubiese ocurrido si no hubiese sobrevivido ninguno ¡había alguno vivo! La tranquilidad que llevaba fue desapareciendo, había posibilidades de seguir adelante.

Después de prepararnos para entrar en la sala donde iba a ser la implantación, nos dejaron un rato allí solos. Salió por una ventanita la embrióloga y nos dijo que nuestros embriones estaban geniales, que habían llegado muy bien a ese día y que eran muy bonitos, jajaja. No sé cuanto tiempo estuvimos allí los dos solos hasta que llegó la doctora y la enfermera, pero marujeamos todo lo que había por allí y es que a nosotros no nos pueden dejar solos en una sala con tantas cosas con lo que nos gusta cotillear, jajaja

Ains que la puerta se abre y llega la doctora con el informe, ahí ponía cuántos embriones seguían adelante. Comenzamos con 11 y al final quedaron 8 para el DGP, 3 se quedaron por el camino, pero 8 resistieron y aguantaron 5 días. Un DGP difícil de aguantar para unos embriones de poco más de 10 células. Y es que a estos embriones les tienen que extraer unas dos células para poder analizar si contienen la mutación o no. Esto nos alucina, como la ciencia consigue esto, saber cuál está sano y cuál no ¡es increíble!

4 embriones. El 50% de nuestros pequeñuelos estaban sanos, un gran número para poder conseguir nuestro propósito: ser padres. La idea de solo un embrión en la transferencia ya no me parecía tan descabellada, quedarían 3 congelados para próximos intentos. Así que nos animó muchísimo saber ese número.

La verdad que el momento de la transferencia es rarísimo, van a implantarte un bichillo que sí todo va bien será tu bebé en 9 meses. Tumbada en la camilla, aparece por la ventanita la embrióloga con la cánula con el embrión, me pregunta mis apellidos y ale la doctora introduce la cánula para dejar el embrión en su sitio. Javi y yo lo vemos todo por el ecógrafo, menos mal que nos los explican porque ahí no se ve nada, jajaja, un pequeño destello nos da el indicativo para saber qué la está colocado en su sitio o eso pensábamos. ¡El embrión se había quedado pegado a la cánula y no había salido! Menos mal que el procedimiento cuando le pasan de nuevo la cánula a la embrióloga es de mirar por el microscopio si se ha soltado o sigue ahí y el “condenao” seguía ahí, no se había soltado. Por suerte, a la segunda fue la vencida y se quedó en su sitio y esperemos que por mucho tiempo.

¿La sensación al salir? Rara y es que las sensaciones en este proceso no se pueden definir de otra forma: son raras. Sabes que tienes algo ahí, pero como no sientes nada, pues no sabes que sentir. Alegría por ver más cerca el fin, miedo porque sabes que puede que no agarre, son tantos sentimientos juntos que es algo muy extraño.

Comenzaba la mayor espera de nuestras vidas: la Betaespera. 10 días de espera hasta el análisis de sangre que mide la hormona que segrega el embrión: Beta, hasta ese día no se sabría si estaba embarazada o no. Eran solos 10 días, pero fueron interminables.

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