Comenzamos a recorrer los últimos kilómetros y ahora sí,
¡todo va rapidísimo!
El primer paso es comenzar a tomar la píldora anticonceptiva
para que los ovarios descansen y se encuentren en plena forma para cuando
tengan que crear más de un óvulo.
Con respecto a esto he tenido el mayor despiste de toda mi
vida, jajaja. La doctora me dio el nombre del medicamento y me dijo que tenía
que tomar ácido fólico pues yo confiada por lo que había dicho la doctora
pensaba que ese medicamento era solo ácido fólico. Lo compré y me lo tomé sin más.
Me enteré que era la píldora anticonceptiva cuando tuve que volver a comprar y
me dijo el farmacéutico que eso no era ácido fólico, que era todo lo contrario
para querer quedarse embarazada, jajaja, imaginaos mi cara cuando me lo dijo,
no me cuadraba para qué me habían mandado la píldora si lo que ¡yo quería era
quedarme embarazada! Y es que la doctora no me había explicado nada y yo
tampoco había preguntado. A mí me dijo “tómate esto” y yo le hice caso, jajaja.
Gracias a internet entendí el porqué de esa prescripción y me quedé más
tranquila. Pero imaginaos la cara del farmacéutico en plan “esta tía que no
sabe ni lo que se toma” jajaja. Y así es, así que desde entonces me he
prometido a mí misma en que me voy a leer el prospecto de todo lo que me manden,
jajaja.
Por suerte, no tuve ningún efecto secundario que dicen que
da la píldora, así que genial. Mi cuerpo parece que está acostumbrado a las
medicaciones porque me estaba tomando la píldora, para bajar el TSH, el ácido
fólico y la pasti para la aorta, vamos todo un completo y mi cuerpo como si
nada.
En la siguiente revisión vieron los ovarios descansados y
preparados para comenzar todo el proceso hormonal, así que abandonamos la
píldora. Nos explicaron en un taller,
junto a otras parejas, en qué consiste todo el ciclo hormonal, la punción
(cuando extraen los óvulos), la fecundación y la transferencia (el momento en
el que implantan los embriones). Agradecimos mucho ese taller porque sales con
las ideas más claras y te das cuenta que ya comienza el final del proceso
¡Nervios!
Pocos días después comenzó la Quimicefa y los pinchotazos.
De la Quimicefa se encargaba Javi porque mi pulso no me dejaba realizar la
mezcla y al muchacho se le daba bastante bien. Se hizo con la técnica en un
periquete. Los pinchotazos eran cosa mía, en total en 13 días me pinché como
unas 30 veces. Comencé con un pinchazo al día, luego dos y al final tres. Solo
el último día volví a solo un pinchazo. ¡Mi tripa era un colador! Además, me
debió dar reacción y salieron más granitos, así que os podéis imaginar, jejeje.
Durante los 13 días del ciclo hormonal, la verdad que no
noté mucho. Si es cierto que hacia el final estaba algo más sensible una
sensación que no me gustó mucho porque no la podía controlar. Cada dos días
tenía revisión para ver cómo iban creciendo los folículos de donde se extraen
los óvulos, crecen en torno a dos mm cada día y tenían que llegar a 18. Tuve
que pasar por cuatro revisiones cuando lo normal son 3, pero bueno, mejor
“despacito y con buena letra”. Pero cuando vez que casi casi alcanzas el final
con la mano, cualquier retraso por mínimo que sea se hace eterno. Ya veis un
retraso de dos días se me hizo un mundo.
¿Y qué decir de los sentimientos? Pues continuamos con los
de siempre, creo que a lo largo de este proceso no han variado mucho. Sí es
cierto que la ilusión supera el miedo, conforme lo vemos más cerca la ilusión
va ganando, pero el miedo a lo “desconocido” sigue estando muy presente. Y es
que amigos ya no queda nada, como nos dice la gente cuando lo comentamos: ¡pero
es que es ya!

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