sábado, 1 de septiembre de 2018

13 días que reflejan un día clave: la punción


El día de antes estuvimos de concierto, que nos vino genial para liberar tensión y por dos horas no pensar en todo esto. En mayor o menos medida creo que pensamos en ello cada minuto del día.

Nos levantamos, Javi recogió sus soldaditos y listos para ir al hospital. Como si de una operación se tratase, nada de desayunar, ni de agua. Por suerte, no soy una persona que tenga mucha hambre, así que aguanté más de 12 horas sin comer nada, además, era por una buena causa.

En el hospital dejamos la muestra de Javi y a esperar que me llamaran. Al ser domingo tuvimos que bajar a darnos de alta en urgencias, junto con esta unidad debe ser lo único activo en todo el hospital.

Y llegó el momento, dentro me pusieron la vía con el suero y por donde luego me pondrían el sedante para dormirme durante el proceso de la punción. No es algo doloroso pero como te tienes que quedar muy quita prefieren dormir a la paciente. Por mi parte mejor porque fueron 15 minutos en los que no dejaban de pincharme los ovarios, así que no debe ser nada cómodo.

Os he dicho que no soy una persona con mucho hambre, pero parece que mi subconsciente sí, jajaja, me desperté pensando en patatas fritas del McDonalds, ¡a saber lo que estuve soñando! La parte negativa del despertar es que escuché una conversación entre la enfermera y el ginecólogo que me dio por pensar que no habían podido recoger ningún óvulo, el pesimismo afloró con fuerza.

Cuando salí de reanimación, Javi me esperaba con una gran sonrisa, pero ya se la fastidié cuando le comenté lo que había oído, menos mal que él siempre guarda la calma y me vuelve a centrar en la realidad. No quería decir nada solo habían dicho “¿cómo ha podido ocurrir?” no sé” y yo ya me había montado mi película en la cabeza.

20 minutos interminables hasta que el médico nos llamó para darnos el resultado, creo que no me podían temblar más las piernas porque todavía estaba con algo de anestesia, pero ¡madre mía que nervios! Pero el resultado no pudo ser más positivo, en la consulta nos esperaba el ginecólogo sonriendo y ya os digo yo que eso es algo muy difícil porque el pobre es un poco sieso y cuando intenta sonreír le sale una mueca un poco rara que da más miedo que otra cosa, jajaja. Pues eso, sonreía, había extraído 12 ovocitos ¡una docena! Un gran número teniendo en cuenta por todo lo que iban a tener que pasar después.



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