El día de antes estuvimos de concierto, que nos vino genial
para liberar tensión y por dos horas no pensar en todo esto. En mayor o menos
medida creo que pensamos en ello cada minuto del día.
Nos levantamos, Javi recogió sus soldaditos y listos para ir
al hospital. Como si de una operación se tratase, nada de desayunar, ni de
agua. Por suerte, no soy una persona que tenga mucha hambre, así que aguanté
más de 12 horas sin comer nada, además, era por una buena causa.
En el hospital dejamos la muestra de Javi y a esperar que me
llamaran. Al ser domingo tuvimos que bajar a darnos de alta en urgencias, junto
con esta unidad debe ser lo único activo en todo el hospital.
Y llegó el momento, dentro me pusieron la vía con el suero y
por donde luego me pondrían el sedante para dormirme durante el proceso de la
punción. No es algo doloroso pero como te tienes que quedar muy quita prefieren
dormir a la paciente. Por mi parte mejor porque fueron 15 minutos en los que no
dejaban de pincharme los ovarios, así que no debe ser nada cómodo.
Os he dicho que no soy una persona con mucho hambre, pero
parece que mi subconsciente sí, jajaja, me desperté pensando en patatas fritas
del McDonalds, ¡a saber lo que estuve soñando! La parte negativa del despertar
es que escuché una conversación entre la enfermera y el ginecólogo que me dio
por pensar que no habían podido recoger ningún óvulo, el pesimismo afloró con
fuerza.
Cuando salí de reanimación, Javi me esperaba con una gran
sonrisa, pero ya se la fastidié cuando le comenté lo que había oído, menos mal
que él siempre guarda la calma y me vuelve a centrar en la realidad. No quería
decir nada solo habían dicho “¿cómo ha podido ocurrir?” no sé” y yo ya me había
montado mi película en la cabeza.
20 minutos interminables hasta que el médico nos llamó para
darnos el resultado, creo que no me podían temblar más las piernas porque
todavía estaba con algo de anestesia, pero ¡madre mía que nervios! Pero el
resultado no pudo ser más positivo, en la consulta nos esperaba el ginecólogo
sonriendo y ya os digo yo que eso es algo muy difícil porque el pobre es un
poco sieso y cuando intenta sonreír le sale una mueca un poco rara que da más
miedo que otra cosa, jajaja. Pues eso, sonreía, había extraído 12 ovocitos ¡una
docena! Un gran número teniendo en cuenta por todo lo que iban a tener que
pasar después.

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