martes, 28 de agosto de 2018

Comienza a reflejarse la meta


¡Ya no queda nada!



Nos encontramos en la recta final, sí por fin, después de tanto tiempo esperando, ya nos quedan pocos kilómetros para ver la meta.

Lo sabemos, es posible que esto no funcione a la primera, pero sabemos que aunque no seamos padres a la primera, todo irá más deprisa y los intentos uno detrás de otro, ya no hay vuelta atrás.

A primeros de mes nos explicaron en qué consiste todo el proceso de estimulación ovárica. Ahora lo que toca es que mis ovarios generen gran cantidad de óvulos para poder tener más posibilidades de que crezcan como es debido y que sean fecundados. Cuantos más fecundados más posibilidades de tener embriones aptos para la transferencia.

La estimulación ovárica consiste en inyectarme hormonas entre 10 y 12 días. Después de los pinchotazos de hormonas llega la punción, en este proceso extraen los ovocitos que estén maduros. Una vez extraídos los fecundan en el laboratorio con los “soldaditos” de él y ¡ale a crecer!

A ver como llevo la estimulación porque cada mujer es un mundo con el periodo, así que en esto que es como tener varias menstruaciones a la vez, vete tú a saber. Tengo suerte de, normalmente, no sentir nada, así que espero que esto sea igual o con pocos efectos secundarios.

La punción es algo más compleja, el proceso no es que sea muy largo, pero como hay sedación todo llevará en torno a una hora y media. Ya he dejado dicho que si en ese tiempo no salgo de consulta, que pasen a despertarme, que me conozco y lo mismo me tiro allí tres horas, jajaja. En la punción extraen todos los ovocitos que estén preparados para ser fecundados y cuantos más haya mejor.

La fecundación es muy curiosa porque hay dos modalidades. La primera es que dejan que los espermatozoides hagan su trabajo solos, que fecunde el más rápido al óvulo. La segunda, eligen un espermatozoide y lo introducen dentro del óvulo. Las dos modalidades son igual de buenas, pero la segunda suele ser para los que tienen problemas de fertilidad que nosotros no tenemos. Así que, que elijan los especialistas el más adecuado, a nosotros mientras que funcione nos da igual cómo lo hagan.

Los embriones tienen que crecer entre 3 y 5 días antes de que me los trasfieran al útero. En este tiempo los estudiarán y descartarán aquellos que tienen la mutación genética. De los sanitos analizan su morfología para saber su tipología: los de tipo A (los mejores), los de tipo B (están bien, pero no lo suficiente para ser A), los de tipo C (estos son reguleros) y los de tipo D (no se descartan, pero no son muy buenos). Según la tipología las probabilidades de embarazo aumentan o disminuyen.

Una vez que están creciditos toca meterlos en el horno, esto es la transferencia. En este momento todavía estamos pensando en cuántos embriones transferir, con un máximo de dos, pero es posible que en función del tipo de embrión elijamos solo uno. Sobre esto, tenemos que pensar mucho por el hecho de tener solo un hijo, si puedo soportar un embarazo múltiple, si podemos permitirnos otro embarazo dentro de unos años, etc. Hay que analizar mucho: ver cómo se encuentra la aorta es clave para poder continuar con el proceso, además, no sabemos cómo serán nuestros embriones, así que para esa decisión hemos decidido esperar al día de la transferencia.

Y luego días después llega la Beta (análisis para ver si hay embarazo) y esta es la meta o el cartel de continuará.

¿Y qué sentimientos tenemos al estar tan cerca?

Pues la verdad que un poco de todo, sobre todo, miedo e ilusión. Ilusión por poder ser padres y miedo por poder ser padres. Si conseguimos nuestro propósito será una gran responsabilidad que sinceramente ilusiona, pero da miedo por no saber si lo haremos bien.

También tenemos miedo a no saber cómo vamos a reacción, principalmente yo, si la Beta sale negativa. Ahora mismo pienso que no pasa nada, volvemos a internarlo y listo, pero por mucho que quiera en estas cosas no controlo a mi mente. La teoría me la sé, pero en la práctica todo cambia. Es como en estos días, intento no pensar en la llegada de un bebé, pero mis sueños van por libre y por la noche mi imaginación vuela libre. Veremos…

Y en esta estamos, chicos, a punto de recorrer los últimos kilómetros de esta ardua carrera.

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