Y llegamos al final de otro año, otro año sin ver la meta,
otro año más de espera.
Al endocrino hemos ido dos veces en uno me mandó sal yodada.
La mujer pensaba que la TSH bajaría solo cambiando de tipo de sal ¡Olé! Creo
que ni pegando lametones a la sal cada vez que hubiese ido a la cocina hubiese
sido suficiente, pero la mujer tenía fé y ella era la experta ¿no?
Pues como era de esperar la experta se equivocó y como se
equivocó que encima aumentó, ¡llegué a casi 4! Vale que las navidades estuvieran
por medio pero yo no soy de excesos y me dijeron que al ser una hormona eso no
tenía mucho que ver. Así que pastillas al canto. Otra más, aunque esta es un
poco puñetera porque la tengo que tomar 15/20 minutos antes de desayunar, así
que pongo el despertador 15 minutos antes de la hora de levantarme, me tomo la
pastilla sin levantarme de la cama y otra cabezadita antes de levantarse,
jejeje. Es graciosa la cantidad que me ha mandado, tomo una al día salvo los
sábados y domingos que tomo dos, dos pastillas era demasiado y una era poco,
así que los fines de semana toca extra.
Ahora la decisión estaba en manos de la ginecóloga ¿seguimos
adelante a pesar de la TSH o esperamos a que se estabilice? El informe de la
endocrina era muy ambiguo “TSH elevada para iniciar tratamiento de fertilidad”.
Por suerte la ginecóloga dio el visto bueno porque con la
medicación la TSH bajará enseguida, así que decimos adiós al 2017 con la cita
para poder decir que comienza la recta final.
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| Shutterstock/Pran Thira |

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