Cada minuto, cada hora se hace interminable.
Es curioso
porque después de tantos años los momentos que se estaban haciendo más largos eran los periodos más cortos. Un día, solo un día tardaron en decirnos cuántos de
los ovocitos habían sido fecundados y la espera fue eterna. El alivio fue
mayúsculo cuando vimos el número: 11 habían sido fecundados ¡un equipo de
fútbol! O como decía Javi, uno de fútbol sala que así tenemos suplentes,
jejeje.
Escribí corriendo a la secretaria del cardiólogo para que me
pudiese decir cómo había salido la resonancia, cómo estaba la aorta y si podría
afrontar un embarazo múltiple, necesitábamos saber si podía transferirme dos
embriones. Al final, seguramente solo fuese uno porque el ginecólogo no quería
correr tanto riesgo, pero para mí la opinión importante era la del cardiólogo…
¡vía libre a dos embriones! La aorta está estancada y no crece más, así que la
noticia no podía ser mejor, ¡y que siga así! Ahora todo depende de la decisión
del ginecólogo, aunque lo dejó muy claro “me da igual lo que diga el
cardiólogo”. ¿Acabaré discutiendo con él? Con dos hay más posibilidades de que
uno agarre, pero ¿y si agarran los dos?
Y si la espera de un día fue eterna imaginaos la semana que
nos esperaba hasta el momento de la transferencia. No sabíamos cuántos seguían
vivos, cuántos estarían sanos. Podía llegar el día de la transferencia que no
hubiese transferencia porque ninguno había sobrevivido o porque ninguno estaba
sano. Sinceramente, en estos momentos no sabes si pensar positivo o ponerte en
lo peor para que el palo, en caso de que lo haya, sea más llevadero.
No sé, las sensaciones de esos días fueron muy raras. Había
12 embriones esperando y creciendo. Todo era muy extraño, parte de nosotros
estaba en un laboratorio intentando salir adelante, no sé, sé que son solo unas
células, pero es parte de nosotros… es una sensación muy rara.
Creo que en todo este proceso el lado más positivo lo está
llevando Javi y por supuesto la gente de alrededor que lo sabe. No lo sabe todo
el mundo, en un primer momento nos hubiese gustado que no lo supiese nadie,
pero con la familia que tenemos más cerca es muy complicado mantenerlo en
secreto, así que a los que vemos todos los días se lo hemos dicho y con los que
podemos guardar el secreto porque nos vemos menos les daremos el sorpresón
cuando llegue. Es algo que echamos de menos de un embarazo convencional, que no
hay preparación previa, es una sorpresa para todos y no quiero perderme ese
momento en algunos de mis familiares, quiero ver esa cara de sorpresa y alegría
en aquellos que no saben nada de cómo va el proceso. Así que vamos a tener de todo la alegría de
los que han sufrido con nosotros todo este proceso y el sorpresón de los que no
sabían nada. Sin lugar a dudas, van a ser momentos para el recuerdo.
Bueno, pues la transferencia llegó, ya os digo, 5 días que
fueron eternos, creo que los meses entre consulta y consulta no se nos hicieron
tan largos. Cita a las 8 de la mañana en pleno centro de Madrid, huelga de
RENFE (por suerte se desconvocó), lluvia y viento… un viaje de media hora se
podía convertir en una hora y media, así que tocó madrugar, no queríamos tener
los nervios de un atasco más los nervios de ver que no llegábamos a la hora con
los nervios que llevábamos de serie por el día tan importante que era.
Al final, llegamos una hora antes, jajaja, pero mejor así,
más tranquilidad. Comenzamos a pensar en cuántos embriones me iban a
transferir. Javi opinaba más como el ginecólogo es mucho riesgo para mí un
embarazo múltiple, creo que las inmensas ganas que tengo de ser madre no me
deja pensar con claridad y ver que tiene razón, el cardiólogo ha dado el visto
bueno, pero el riesgo sigue estando. Menos mal que siempre está Javi conmigo
para ayudarme a ver la realidad, ya sabéis que a veces viajo demasiado por las
nubes, jejeje. Al final teníamos más claro que la transferencia sería uno, pero
todo dependía de los embriones sanos que quedasen para futuros intentos.
“Ha llegado el informe, hay embriones sanos, la
transferencia sigue adelante”. Estas fueron las palabras de la enfermera que
nos esperaba para acompañarnos a la transferencia. Ya no era momento de pensar
en qué hubiese ocurrido si no hubiese sobrevivido ninguno ¡había alguno vivo!
La tranquilidad que llevaba fue desapareciendo, había posibilidades de seguir
adelante.
Después de prepararnos para entrar en la sala donde iba a
ser la implantación, nos dejaron un rato allí solos. Salió por una ventanita la
embrióloga y nos dijo que nuestros embriones estaban geniales, que habían
llegado muy bien a ese día y que eran muy bonitos, jajaja. No sé cuanto tiempo
estuvimos allí los dos solos hasta que llegó la doctora y la enfermera, pero
marujeamos todo lo que había por allí y es que a nosotros no nos pueden dejar
solos en una sala con tantas cosas con lo que nos gusta cotillear, jajaja
Ains que la puerta se abre y llega la doctora con el
informe, ahí ponía cuántos embriones seguían adelante. Comenzamos con 11 y al
final quedaron 8 para el DGP, 3 se quedaron por el camino, pero 8 resistieron y
aguantaron 5 días. Un DGP difícil de aguantar para unos embriones de poco más
de 10 células. Y es que a estos embriones les tienen que extraer unas dos
células para poder analizar si contienen la mutación o no. Esto nos alucina,
como la ciencia consigue esto, saber cuál está sano y cuál no ¡es increíble!
4 embriones. El 50% de nuestros pequeñuelos estaban sanos,
un gran número para poder conseguir nuestro propósito: ser padres. La idea de
solo un embrión en la transferencia ya no me parecía tan descabellada,
quedarían 3 congelados para próximos intentos. Así que nos animó muchísimo
saber ese número.
La verdad que el momento de la transferencia es rarísimo,
van a implantarte un bichillo que sí todo va bien será tu bebé en 9 meses.
Tumbada en la camilla, aparece por la ventanita la embrióloga con la cánula con
el embrión, me pregunta mis apellidos y ale la doctora introduce la cánula para
dejar el embrión en su sitio. Javi y yo lo vemos todo por el ecógrafo, menos
mal que nos los explican porque ahí no se ve nada, jajaja, un pequeño destello
nos da el indicativo para saber qué la está colocado en su sitio o eso
pensábamos. ¡El embrión se había quedado pegado a la cánula y no había salido!
Menos mal que el procedimiento cuando le pasan de nuevo la cánula a la
embrióloga es de mirar por el microscopio si se ha soltado o sigue ahí y el
“condenao” seguía ahí, no se había soltado. Por suerte, a la segunda fue la
vencida y se quedó en su sitio y esperemos que por mucho tiempo.
¿La sensación al salir? Rara y es que las sensaciones en
este proceso no se pueden definir de otra forma: son raras. Sabes que tienes
algo ahí, pero como no sientes nada, pues no sabes que sentir. Alegría por ver
más cerca el fin, miedo porque sabes que puede que no agarre, son tantos
sentimientos juntos que es algo muy extraño.
Comenzaba la mayor espera de nuestras vidas: la
Betaespera. 10 días de espera hasta el análisis de sangre que mide la hormona
que segrega el embrión: Beta, hasta ese día no se sabría si estaba embarazada o
no. Eran solos 10 días, pero fueron interminables.


