El miedo, un sentimiento del que a veces se compone mi reflejo.
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| @RowenaBlack |
El miedo, necesario en la vida, pero difícil de entender y asumir. Necesario porque nos hace avanzar despacio con pies de plomo y asegurando cada paso. Se puede decir que es nuestro freno, nos frena para que nos aseguremos el camino.
Ese miedo está bien, el miedo sensato, el miedo sencillo. Pero lo complicado y difícil de asumir es cuando se refleja el miedo a sonreír demasiado. Habéis leído bien: miedo a sonreír demasiado.
Cuando vives acostumbrado a lidiar con las tormentas. Cuando avanzas por un camino empedrado y empinado. Ese momento en el que llegas al llano, donde ves el horizonte y sabes donde puedes llegar. Ese momento en el que las piedras dejan de existir en el camino y dan paso al camino sencillo. Ahí, en ese preciso instante, es cuando se refleja el miedo a sonreír demasiado.
Un miedo que no debería existir, no debemos tener miedo a ser felices. No debemos tener miedo a ver la luz. No, no podemos tener miedo a esto. Porque es posible que el miedo no nos deje disfrutarlo.
No puedo negar que mirando mi reflejo aparece ese miedo, pero ya puedo mirarlo de frente, desafiarlo. Puedo mirar a los ojos al miedo y afrontar que si algo se trunca no pasa nada, se vuelve a intentar. Si me caigo por las piedras, no importa, me vuelvo a levantar. Lo he hecho mil veces, una más serán mil y una veces.
Aprendamos a vivir con el miedo, es un sentimiento innato del ser humano.
No es negativo, simplemente es menos llevadero, complejo de entender y de asumir. Por eso, debemos aprender a vivir con él. Pensad que nos ayuda a reflexionar sobre el camino a seguir. Pensad que nos frena delante del acantilado para que pensemos si realmente queremos saltar o no.
Cuidado con el que oscurece nuestra felicidad y es con ese con el que tenemos que lidiar. Debemos entenderle, dejar que camine a nuestro lado, pero que no se interponga. Si dejamos que avance delante de nosotros, que vaya más deprisa que nuestros pasos, entonces no nos dejará ver el precioso camino que estamos recorriendo y que vamos a recorrer. Nos debe acompañar, sí, pero que no ensombrezca nunca nuestra sonrisa.





