Os quiero narrar mi historia, esa vida que se refleja en cada espejo natural o artificial. Esa historia en la que muchos de vosotros sois personajes y parte importante de este guion, no os mencionaré, pero si mi vida es como es, os lo debo en gran medida a vosotros.
Quiero comenzar a contaros la aventura que es tener un bebé sano con una enfermedad genética. Os quiero contar esto porque es lo más recurrente en mi reflejo. Es un camino largo y costoso, por suerte no a nivel económico, pero si físico y mental.
Se puede decir que estamos a tres etapas del final, pero hemos tenido que recorrer muchas más. Desde la típica conversación en pareja de “vamos a tener un niño” hasta hoy, han transcurrido más de 4 años. Y es que a nosotros no nos vale con esa frase, nuestra oración sería más bien así “dentro de un tiempo queremos tener un niño, qué tenemos que hacer para que pueda nacer sano, cuál es el proceso, dónde tenemos que ir…” y una multitud de preguntas que ya os podéis imaginar.
Antes de seguir quiero hacer un paréntesis y haceros reflexionar en lo que os he comentado antes, para todo el mundo la frase no es “vamos a tener un niño” puede tener muchos puntos, comas e interrogantes, así que por favor, pensad en ello cada vez que preguntáis “¿vosotros para cuándo?”. Sabemos que no hay maldad ni intención de hacer daño, pero veréis en nuestro rostro el reflejo de una sonrisa que intenta ocultar una gran tristeza.
Ahora, mi frase más repetida es “si la ciencia quiere, cuando la ciencia quiera”. Aquí no hay nada divino, ni real para unos ni imaginario para otros, que mueva los hilos y nos guíe hasta el final de proceso. No hay nada divino, todo es terrenal y se llama ciencia. Son personas que se dejan la piel cada día para encontrar cura a nuestras enfermedades, sea poder paliar sus efectos o para poder prevenirlas. Y eso es lo que han conseguido y eso es lo que nos llevará a tener un niño sano, libre del gen mutado que genera mi enfermedad (otro día os hablaré de ella).
En el tren se refleja una pequeña jugando con su padre, se desvanecen en el cristal porque mi mente se pregunta ¿y yo? Muchos conocéis mi deseo de ser madre, además conocéis mi tesón o cabezonería, llamadlo como queráis, para conseguir mis propósitos. Por eso, la dureza de la situación que es como una montaña rusa, tenemos una de cal y una de arena en cada visita al médico. Momentos en los que el reflejo de la maternidad se vuelve nítido y momentos en los que el reflejo se vuelve borroso.
Si ya es complicado dar el paso de tener un hijo, traer una vida a este mundo que nos rodea, “lanzar” a la cruda realidad algo tan indefenso como es un bebé, figuraos lo que se pasa por la cabeza cuando no solamente depende de ti. Cuando se deben alinear los astros para que todo el proceso salga bien: cardiólogo, genetista, ginecólogo, cirujano, reumatólogo… y el astro más principal: una pareja abnegada que quiera acompañarte en esta travesía que puede llegar a buen puerto o a un acantilado de caída libre. Por suerte mis astros se han alineado.
Se puede decir que estamos a tres etapas del final, pero hemos tenido que recorrer muchas más. Desde la típica conversación en pareja de “vamos a tener un niño” hasta hoy, han transcurrido más de 4 años. Y es que a nosotros no nos vale con esa frase, nuestra oración sería más bien así “dentro de un tiempo queremos tener un niño, qué tenemos que hacer para que pueda nacer sano, cuál es el proceso, dónde tenemos que ir…” y una multitud de preguntas que ya os podéis imaginar.
Antes de seguir quiero hacer un paréntesis y haceros reflexionar en lo que os he comentado antes, para todo el mundo la frase no es “vamos a tener un niño” puede tener muchos puntos, comas e interrogantes, así que por favor, pensad en ello cada vez que preguntáis “¿vosotros para cuándo?”. Sabemos que no hay maldad ni intención de hacer daño, pero veréis en nuestro rostro el reflejo de una sonrisa que intenta ocultar una gran tristeza.
Ahora, mi frase más repetida es “si la ciencia quiere, cuando la ciencia quiera”. Aquí no hay nada divino, ni real para unos ni imaginario para otros, que mueva los hilos y nos guíe hasta el final de proceso. No hay nada divino, todo es terrenal y se llama ciencia. Son personas que se dejan la piel cada día para encontrar cura a nuestras enfermedades, sea poder paliar sus efectos o para poder prevenirlas. Y eso es lo que han conseguido y eso es lo que nos llevará a tener un niño sano, libre del gen mutado que genera mi enfermedad (otro día os hablaré de ella).
En el tren se refleja una pequeña jugando con su padre, se desvanecen en el cristal porque mi mente se pregunta ¿y yo? Muchos conocéis mi deseo de ser madre, además conocéis mi tesón o cabezonería, llamadlo como queráis, para conseguir mis propósitos. Por eso, la dureza de la situación que es como una montaña rusa, tenemos una de cal y una de arena en cada visita al médico. Momentos en los que el reflejo de la maternidad se vuelve nítido y momentos en los que el reflejo se vuelve borroso.
Si ya es complicado dar el paso de tener un hijo, traer una vida a este mundo que nos rodea, “lanzar” a la cruda realidad algo tan indefenso como es un bebé, figuraos lo que se pasa por la cabeza cuando no solamente depende de ti. Cuando se deben alinear los astros para que todo el proceso salga bien: cardiólogo, genetista, ginecólogo, cirujano, reumatólogo… y el astro más principal: una pareja abnegada que quiera acompañarte en esta travesía que puede llegar a buen puerto o a un acantilado de caída libre. Por suerte mis astros se han alineado.
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