domingo, 9 de abril de 2017

El reflejo de la larga espera

La puerta de la sala de espera me saluda, bueno, me saludo a mí misma reflejada en ella. 

Llega la primera consulta. Salgo del trabajo corriendo para poder llegar con tiempo. No conozco el centro, no sé qué es lo que tengo que hacer. Mientras la pobre pareja abnegada sale de casa con el coche dispuesto a meterse en "su querido Madrid" en hora punta de comida y cayendo sobre la ciudad el diluvio universal.

Llegamos. Pasamos a la zona privada, ya os comenté que esto es privado pero subvencionado en determinados casos por la seguridad social, todo muy tranquilo, no hay gente en la sala de espera… nos sentamos un segundo y nos llaman. ¡Qué bien! Después de la odisea para llegar no tenemos que esperar mucho.

Entramos en la consulta y ahora comienza lo que hemos denominado “la consulta del ´hola´” ¿Por qué? Porque estás más tiempo esperando que dentro sentada. Me explico. Entramos, saludamos a la doctora y su ayudante, nos sentamos, nos comenta el motivo de nuestra derivación (ya lo sabía por eso estoy ahí) y nos manda al genetista.

¿Os ha parecido corto el post? Pues ya podéis imaginar lo que sentimos nosotros en esa visita al médico. Aquí comenzaba la larga espera…


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