martes, 18 de abril de 2017

Cuando se refleja el miedo

El miedo, un sentimiento del que a veces se compone mi reflejo. 

@RowenaBlack

El miedo, necesario en la vida, pero difícil de entender y asumir. Necesario porque nos hace avanzar despacio con pies de plomo y asegurando cada paso. Se puede decir que es nuestro freno, nos frena para que nos aseguremos el camino.

Ese miedo está bien, el miedo sensato, el miedo sencillo. Pero lo complicado y difícil de asumir es cuando se refleja el miedo a sonreír demasiado. Habéis leído bien: miedo a sonreír demasiado.

Cuando vives acostumbrado a lidiar con las tormentas. Cuando avanzas por un camino empedrado y empinado. Ese momento en el que llegas al llano, donde ves el horizonte y sabes donde puedes llegar. Ese momento en el que las piedras dejan de existir en el camino y dan paso al camino sencillo. Ahí, en ese preciso instante, es cuando se refleja el miedo a sonreír demasiado.

Un miedo que no debería existir, no debemos tener miedo a ser felices. No debemos tener miedo a ver la luz. No, no podemos tener miedo a esto. Porque es posible que el miedo no nos deje disfrutarlo.

No puedo negar que mirando mi reflejo aparece ese miedo, pero ya puedo mirarlo de frente, desafiarlo. Puedo mirar a los ojos al miedo y afrontar que si algo se trunca no pasa nada, se vuelve a intentar. Si me caigo por las piedras, no importa, me vuelvo a levantar. Lo he hecho mil veces, una más serán mil y una veces.

Aprendamos a vivir con el miedo, es un sentimiento innato del ser humano.
No es negativo, simplemente es menos llevadero, complejo de entender y de asumir. Por eso, debemos aprender a vivir con él. Pensad que nos ayuda a reflexionar sobre el camino a seguir. Pensad que nos frena delante del acantilado para que pensemos si realmente queremos saltar o no.

Cuidado con el que oscurece nuestra felicidad y es con ese con el que tenemos que lidiar. Debemos entenderle, dejar que camine a nuestro lado, pero que no se interponga. Si dejamos que avance delante de nosotros, que vaya más deprisa que nuestros pasos, entonces no nos dejará ver el precioso camino que estamos recorriendo y que vamos a recorrer. Nos debe acompañar, sí, pero que no ensombrezca nunca nuestra sonrisa.

domingo, 9 de abril de 2017

El reflejo de la larga espera

La puerta de la sala de espera me saluda, bueno, me saludo a mí misma reflejada en ella. 

Llega la primera consulta. Salgo del trabajo corriendo para poder llegar con tiempo. No conozco el centro, no sé qué es lo que tengo que hacer. Mientras la pobre pareja abnegada sale de casa con el coche dispuesto a meterse en "su querido Madrid" en hora punta de comida y cayendo sobre la ciudad el diluvio universal.

Llegamos. Pasamos a la zona privada, ya os comenté que esto es privado pero subvencionado en determinados casos por la seguridad social, todo muy tranquilo, no hay gente en la sala de espera… nos sentamos un segundo y nos llaman. ¡Qué bien! Después de la odisea para llegar no tenemos que esperar mucho.

Entramos en la consulta y ahora comienza lo que hemos denominado “la consulta del ´hola´” ¿Por qué? Porque estás más tiempo esperando que dentro sentada. Me explico. Entramos, saludamos a la doctora y su ayudante, nos sentamos, nos comenta el motivo de nuestra derivación (ya lo sabía por eso estoy ahí) y nos manda al genetista.

¿Os ha parecido corto el post? Pues ya podéis imaginar lo que sentimos nosotros en esa visita al médico. Aquí comenzaba la larga espera…


sábado, 1 de abril de 2017

La incertidumbre reflejada

En la ventana del coche se refleja una sonrisa. Nos han concedido la derivación al hospital encargado del proceso. (Hospital privado, pero con fondos públicos, punto que da para otro post y que si me acuerdo trataré.)
“Qué bien” pensareis. Pero no fue tan fácil como parece. Entran en acción los médicos que piensan que lo que dice el estudio genético va a misa y aquellos que revisan más el historial y los síntomas del paciente. Pues bien, ¿quién fue a tocarnos?:
La doctora que consideraba que lo que decía el estudio genético era la Biblia ¡correcto! (sé qué muchos lo habíais acertado). Señores nos ha mirado un tuerto, así es.

Cuando nos dice que lo ve complejo, que un embarazo es mucho riesgo, no ya para el feto que estaría libre del gen, si no para mí, las ilusiones comienzan a desvanecerse. La “nueva” enfermedad es más agresiva, su índice de rotura aórtica es más elevado y no solo eso, puede producir una rotura en el útero. Menciona una parte de mi cuerpo importantísima en un embarazo, claro está, pero que no habíamos contemplado como posibilidad de complicaciones. No, no había tenido en cuenta algo obvio al tener los tejidos más débiles y finos, la rotura del útero.

Salimos de la consulta, cabizbajos, con una sola pregunta “¿y ahora qué?”. 
En mi reflejo solamente veo unos ojos brillantes, no lloran, porque saben que conseguirán ver nacer un bebé. No lloran porque forman parte de mí y no sabía, en ese momento cómo, pero conseguiría ser madre, conseguiríamos ser padres.

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La doctora nos citó en una semana, durante ese tiempo ella hablaría con mis otros cardiólogos sobre el tema, ya que ellos me conocían más y habían valorado mi historial y mis síntomas.

Mientras en casa, volvía a sumergirme en interne con mi amigo Google. Maternidad subrogada. Adopción. Dos de las posibilidades que se presentaban ante mí.

Adopción: largo proceso burocrático en el que si vas por vía pública puede extenderse a más de 7 años y si vas por vía privada desembolsas gran cantidad de dinero y cuidado con los timos. Punto que nosotros valorábamos: no era nuestro. Sé que unos padres son los que crían a sus hijos, no los que ponen la “semilla”, pero no sé queremos que fuese parte de nosotros. Al menos uno. Si es cierto que he valorado en gran medida la adopción, pero no sé, siento la necesidad de que al menos uno de mis hijos sea parte de mí (que esto no se malinterprete, por favor).

Maternidad subrogada: primer punto: en España es “ilegal”. Entrecomillo ilegal porque no es del todo así, es más bien que hay un vacío legal. Segundo punto: cuesta un dineral. Reíros pero llegamos a pensar en hacer un crowfonding, jajajaja. Tercer punto: riesgos. Cuarto punto: riesgos y más riesgos. Es algo que a día de hoy, solamente las personas que tienen bastante dinero puedo permitirse. Contacté con varias organizaciones y si es cierto que lo tienen muy bien organizado, el vacío legal que hay en España consigue que sea un negocio muy lucrativo.

Para que veáis lo que da de sí una semana, jejeje.

Llega el día en el que nos reunimos de nuevo con la doctora. Un día en el que tenía claro, que no salía de esa consulta sin la derivación al centro especializado. Total, la responsabilidad era mía, yo corro con los riesgos, es mi vida la que puede estar en juego. Ella puede aconsejarme, pero nunca prohibirme.

Nos dice que sí. Nos dice que es viable la posibilidad del embarazo. Creo que nunca cambió tan rápido el gesto de mi cara. ¡Qué liberación! Que peso nos quitábamos de encima. Por fin, parecía que vislumbrábamos la luz al final del túnel. Los cardiólogos habían hablado y pensaban en el riesgo que corría, pero un riesgo asumible y que no sería mucho más riesgo que el de cualquier otro embarazo. Con controles mensuales y teniendo alerta ante cualquier cosa extraña todo iría bien.

¡Por fin, la esperada derivación! Ya no era necesario que “presionara” para la derivación, tenía el papel que me la facilitaba. Sinceramente fue un alivio que los cardiólogos vieran factible el proceso, porque… ¿hubiese corrido con el riesgo si me hubiesen dicho que no? Sinceramente no lo sé. En un primer momento pensaba que las ganas de ser madre podrían con todo, pero: sabiendo que el riesgo es muy muy elevado, tanto que los cardiólogos no te lo recomiendan ¿lo harías? Creo, hoy, pensado fríamente, que hubiese dicho que sí.